Valeria C. de Pina Ravest

 

 

 

Entre los días 12 y 15 de noviembre de 2018 se llevó a cabo el seminario La producción del espacio urbano y la reproducción social a cargo de la Dra. Ana Fani Alessandri Carlos, geógrafa brasileña adscrita al Departamento de Geografía de la Universidad de São Paulo. Se impartió en el Instituto Mora en el marco de la Cátedra de Geografía Humana Elisée Reclus. Cada sesión se desarrolló con una temática específica: 1) La producción social del espacio, 2) El espacio abstracto, 3) La producción del espacio en el proceso de acumulación capitalista a partir de la industrialización en el siglo XX, 4) El espacio, la ciudad y lo cotidiano en el siglo XXI. Reproducción del espacio urbano.

En la Cátedra participan investigadores del Instituto Mora, CIESAS, Centro Geo y el Colegio de Michoacán. Eulalia Ribera Carbó explicó que este esfuerzo tiene una trayectoria de veinte años y presenta dos eventos cada año. Iniciativa académica conjunta inaugurada en 1997, fue bautizada con el nombre de una de las figuras más representativas de la geografía francesa y universal del siglo XIX, Elisée Reclus, que además de científico tenía una práctica política comprometida. Desde el ideario del comunismo libertario apeló por una geografía inspirada en los anhelos de justicia social y por un proceso basado en relaciones armónicas y solidarias entre las sociedades humanas y la naturaleza. Debido a su postura política, la figura del geógrafo ácrata ha sido silenciada durante décadas en las academias de geografía, más en la década de los sesenta fue revalorada por Yves Lacoste y Béatrice Giblin, los cuales estudiaron los aportes de Reclus a las ciencias de la tierra y la geografía humana. Mientras en Francia no existe escuela, biblioteca, revista, aula o cátedra que haga homenaje al geógrafo, en México sigue viva esta iniciativa académica que para esta ocasión invitó a la geógrafa brasileña.

 

 

Elisée Reclus fotografiado por Gaspar-Félix Nadar (ca. 1900)

 

En la primera sesión, La producción social del espacio, se explicó que el espacio tiene una triple dimensión: es condición, medio y producto de la producción social. Además, es inmanente a la producción de la civilización y producto de la sociedad que crea el mundo a su imagen y semejanza. La geógrafa brasileña propone el método dialéctico como camino para pensar lo urbano, sus desafíos, interacciones e inversiones, para advertir los conflictos que se presentan en la práctica. Expuso que, desde esta perspectiva metodológica, el concepto de producción es fundamental e implica partir de una concepción del mundo como obra humana, a la vez que explica cómo el ser humano se crea y produce a sí mismo. Aunado a ello, está la producción de mercancías: como obra y producto, acción y objeto. Existe también un proceso de producción del espacio, y más específicamente de la ciudad.

Se aclaró que entender a la ciudad como sujeto en acción, parte de que el sujeto es la sociedad de clase, por ello, los proyectos desplegados en la ciudad, son proyectos de clase. Otro problema central es el de la localización o locus de la producción social del espacio, que puede advertirse en la ubicación de los procesos productivos. La práctica urbana puede localizarse como producción y reproducción social del espacio, pletórica de contenidos sociales que le dan una forma específica a la ciudad, una morfología (formas, paisajes). Forma que encierra contenidos que muchas veces no son perceptibles a simple vista. La dialéctica de las formas nos podría ayudar a descifrar los contenidos sociales de las formas urbanas.

La geógrafa brasileña sintetizó esto con el libro de Jörg Müller, La Pelle mécanique ou La Mutation d'une ville. A través de una serie de imágenes se invitó a pensar la metamorfosis de la ciudad como una serie histórica de transmutación de las formas urbanas, lo cual permite construir una visión sintética de un fragmento espacial y advierte tres dimensiones relevantes para entender la ciudad: a) el cuerpo, b) el uso del espacio, c) la producción de lugares. En las imágenes se percibían cambios en el uso de los lugares, de sus funciones y de las acciones de las personas. De este modo, el desarrollo de los procesos urbanos se va configurando como una metáfora de la ausencia del cuerpo en la ciudad.

La relación espacio-tiempo constituyó una reflexión transversal a las cuatro sesiones, se habló de su indisociabilidad, el espacio se realiza en un determinado tiempo y viceversa. Se parte entonces de que las prácticas espaciales son más bien espacio-temporales. En el sentido de la producción como obra, se puede decir que la ciudad es obra, creación, poética. Está impresa de sentido y cuando éste aflora, la vida tiene un marcaje y la memoria es capaz de reconstruir aquello que se presenta como episódico y disgregado. Como lo relata Ítalo Calvino parafraseado por Alessandri, “la ciudad contiene su pasado, el cual está escrito en las calles”, “todas las futuras ciudades, están contenidas en la presente”, es decir, el presente de la ciudad contiene el pasado y el futuro.

El espacio público adquiere cardinal importancia desde este sentido, se expuso la dialéctica entre espacio público (exterior) y espacio privado (interior), entre el dentro y fuera. La relación de los cuerpos en espacios diferenciados en sus usos y modos de apropiación. El espacio público habla de la idea de realización del hombre en la ciudad, tiene una posición de centralidad, contiene y sintetiza el proyecto civilizatorio. A través del vínculo cuerpo-espacio público, se dota de sentido a la vida en la ciudad. El sentido de lo público tiene que ver con la decisión del futuro común y de la centralidad de los lugares de reunión.

Habitar es la apropiación de los lugares a partir de la casa, las pequeñas historias del dentro y su articulación con los fueras, los lugares de lo común. Habitar es el dentro y fuera al mismo tiempo, el centro geométrico del mundo, su punto de fijación, satisface necesidades para la reproducción de la vida, conjuga condiciones escalares, decodifica los umbrales, entra en shock. El habitar transita entre los espacios concretos del mundo objetivo y los del mundo de las percepciones-afectivas, construye los significados profundos.

Aquí se encuentra disponible la grabación de la Sesión 1.

En la segunda sesión, El espacio abstracto, se tomó como punto de referencia el momento histórico donde la abstracción se presenta como realidad, a fines del siglo XIX y comienzos del XX con el periodo conocido como modernidad. En ésta las formas tienden a perder sus contenidos y sentidos sociales. Es un periodo de ruptura, donde se dan cambios profundos en los procesos de producción del espacio, Lefebvre planteará que este proceso comienza aproximadamente en 1910. Pero, ¿cómo pensar este proceso en el tiempo? Los movimientos sucedidos no son lineales, se presentan como momentos discontinuos, la modernidad transita espacios y tiempos de manera discontinua. Alessandri designará a este proceso como “explosión de referenciales”.

La sesión se articuló como collage de ejemplos de rupturas, abstracciones y de lo que representó la modernidad en diversas esferas de la vida social, especialmente en el arte. El espacio abstracto se puede relacionar con la literatura, la pintura, la música o la escultura. La geografía vista desde el arte nos permite pensar lo impensable: a) el mundo de los sueños, de los sentimientos y las emociones; b) anticipar los fenómenos que vamos a vivir, dar una visión de futuro.

Es fundamental para el acto de producción del espacio, agregar los contenidos de lo no racional, esencial en la apropiación y uso de los lugares. La producción del espacio deviene poética, entendida como creatividad. El capitalismo al imponer una producción y reproducción del espacio fragmentó su apropiación, desgarró la vida creativa. La modernidad se presenta como producto de esta fragmentación, su tiempo es el de la velocidad, la fluidez y la alternancia; su espacio el de lo efímero. Henri Lefebvre plantea en su libro El fin de la historia que el tiempo del Estado domina la vida y llena los espacios, éste es el momento transhistórico donde se rompen los referenciales que sostienen a la vida y se muestra como transmutaciones en los espacio-tiempos. Eso es la metrópolis, una polifonía de tiempos y espacios que se fractalizan y empiezan a ser dominados por el capital y el Estado.

A través de varios ejemplos en la música, la pintura y la literatura se habla del proceso de extrañamiento que precede a la construcción de las ciudades por el auge industrial y bajo la egida del modernismo. Existe un desencuentro, se implantan nuevas determinaciones espacio-temporales dominadas por la velocidad, los tiempos se acumulan en las formas, se inaugura el espacio ciudadano más que como un lugar de la libertad como una imposición de normatividades. Las artes y la ciudad adquieren morfologías cambiantes. El extrañamiento se presenta como crisis en el seno de la producción del espacio. La ciudad se concibe como lo opuesto al sujeto. En el tiempo se manifiesta el poder, se aceleran las formas y hay una destrucción de referencias urbanas. La ciudad se convierte en el espacio y tiempo de las mercancías, cambia la totalidad social. Se impone la racionalidad de la reproducción del poder económico. La ciudad es la ausencia, lo discontinuo, lo disonante, lo simultáneo, lo diferencial. Estas contradicciones no llegan por el sentido de la vista, sino por el pensamiento abstracto. Por ello, la Crítica a la economía política de Marx, como movimiento dialéctico que va de las formas a los contenidos, puede ser una buena entrada para entender lo expuesto líneas arriba.

Aquí se encuentra disponible la grabación de la Sesión 2.

En la sesión tres, La producción del espacio en el proceso de acumulación capitalista a partir de la industrialización en el siglo XX, se habló del ciclo de producción del capital donde todo se produce bajo la lógica de la mercancía. A partir del siglo XX, uno de los ejes de mayor importancia de acumulación es precisamente la producción del espacio y éste también se produce como mercancía.

Aunque el espacio es social e histórico (contempla el sentido de la vida) y además es producto, con la hegemonía del capitalismo financiero se mercantiliza aún más. La riqueza está vinculada hoy en día con la propiedad privada del espacio, lo cual funda las desigualdades sociales y crea espacios diferenciados. La propiedad privada es la base de la sociedad capitalista y ésta define el rumbo de la producción urbana. En la ciudad se viabilizan los procesos productivos y por lo tanto los procesos de valorización. La mano de obra (consumidores) es la base social en la que el ciclo del capital puede ocurrir. De esta forma, la ciudad es una de las concentraciones más importantes de mano de obra y partir de ahí se puede hablar de la división espacializada de la división internacional del trabajo.

La Dra. Alessandri planteó que en la actualidad el espacio se comporta como una fuerza productiva, la compresión espacio-temporal lo facilita pues aumenta la velocidad y la rotación del ciclo, se extienden los espacios de distribución y acrecientan los consumidores. También existe una contradicción de la doble determinación del trabajo: valor de uso (productor de objetos para satisfacer las necesidades del hombre) y valor de cambio (productor de la plusvalía). La mercancía incluye las dos, pero se realiza en el valor de cambio. Se propone pensar a la ciudad como una contradicción entre los valores de uso y los valores de cambio y su relación con los intereses de clase. Los empresarios ven a la ciudad como realización de sus ganancias, como valor de cambio. Los ciudadanos ven a la ciudad como valor de uso. La ciudad tiene un papel estratégico para la acumulación de capital. Se ve a la ciudad como mercancía en dos sentidos: como producción de la vivienda (mercado inmobiliario) y como producción de la propia ciudad (trabajo acumulado), ello da como resultado una morfología socialmente diferenciada.

La producción del espacio en el capitalismo es total, más hay una apropiación privada del mismo. Cuando la industria acumula dinero que no puede invertir en la misma industria (fordismo), el capital transita a otras esferas de la producción (principalmente los servicios) y es aquí que la producción del espacio es central. La producción del espacio urbano es parte de la acumulación del capital y entonces toda la ciudad se aprecia como mercancía y la producción de parcelas, como nuevo momento de acumulación. Entonces se vende la ciudad y las políticas públicas “planean” a la ciudad en función de los procesos acumulativos. Así, la ciudad es lugar-negocio de consumo programado. En la producción de la ciudad se impone el valor de cambio, por ejemplo, la “venta” de espacios históricos-culturales, la construcción de condominios en las periferias, la verticalización del núcleo histórico, la revitalización de zonas degradas (circuitos de revaloraización). Para que el capital financiero se realice debe haber nuevas actividades que requieren edificios y vialidades articulados a modo de “ejes empresariales”, dando una nueva centralidad y jerarquización de la ciudad. Para ello es necesario eliminar las poblaciones a través de políticas públicas, se elaboran leyes que les quitan el suelo. En la ciudad industrial existían espacios de consumo, en la ciudad financiera, consumo de espacios. Entonces se da un movimiento de la producción del espacio a la reproducción del espacio. Es decir, se da un proceso de crecimiento sin desarrollo, procesos que se dan contra la sociedad. El Estado colabora a la acumulación a través de las políticas públicas.

Con la reproducción del espacio comienza otro ciclo, se construye y edifica en espacios ya construidos, se da este movimiento de la producción a la reproducción. Se busca la homogeneidad, se expulsan a los pobres pues no pueden pagar la tierra, existe una negación de derechos, existe una centralidad de la propiedad privada del suelo urbano. En la ciudad hay un proceso simultáneo de producción/reproducción del espacio.

La grabación de la Sesión 3 se encuentra disponible aquí

La sesión cuatro, El espacio, la ciudad y lo cotidiano en el siglo XXI, estuvo guiada por la contradicción fundamental de que la producción del espacio de la ciudad es un proceso social, pero la apropiación es privada. Debido a que la sociedad es una sociedad de clases y los valores de uso y de cambio están totalmente dislocados, la ciudad se convierte en el medio para la realización del valor, se conquista el espacio por medio del capital. Entre la década de los ochenta y noventa, comienza el proceso de reproducción del espacio con las políticas públicas de renovación. El capital fijo de lo inmobiliario se dinamiza a través de la compra y venta del espacio, se dan así rupturas en el plan de producción del espacio. Existe una alianza entre las inmobiliarias y los gobiernos municipales. El capital financiero se realiza por medio del proceso de reproducción del espacio. Pero se sigue viendo al espacio como mercancía y a través de ello se da la gestión del suelo urbano.

Así, el habitar (valor de uso) se confronta con el hábitat (valor de cambio). El espacio concentra entonces el sentido y contenido de lo humano, pero también el sentido y contenido de las contradicciones del capitalismo. El espacio de la vida cotidiana establece la escala del acontecer, la escala global se concretiza en lo local, en la vida y lo cotidiano. Se da una fragmentación de la ciudad, pero también de la vida y del individuo, se presentan formas de segregación, espacios separados y funcionalizados, delimitados por el capital. En lo cotidiano el tiempo y espacio se presentan como crisis y contradicciones, así los movimientos y luchas sociales se presentan como la conciencia de la sociedad, sus demandas ayudan a comprender los elementos de las crisis. Este proceso afecta las representaciones que tenemos de la vida en ciudad, signos y significados han sido impuestos por el consumo de mercancías. Lo cotidiano es un marco simbólico que representa fragmentaciones y barreras marcadas por objetos. Se llevan a cabo relaciones sociales fugaces y efímeras. Los objetos “hablan por nosotros”, se automatiza a los sujetos como objetos.

Henri Lefebvre habla de lo cotidiano desde la perspectiva de que todos tenemos una vida cotidiana, como vida de creación, donde tenemos momentos de ocio. Otros momentos son los del trabajo y la circulación. Pero todos los momentos de la vida cotidiana están cooptados por las relaciones capitalistas, lo cotidiano reúne todos los tiempos y espacios. Hay una invasión del mundo de las mercancías en los espacios privados y de ocio, por ejemplo, en el consumo de los paquetes turísticos. Todos los momentos de la vida están permeados por la lógica de la mercancía como una estrategia de la reproducción del capital para contrarrestar la baja de la ganancia. Así Lefebvre delinea lo cotidiano como la sociedad burocrática de consumo dirigido.

Pero existe una contradicción en este proceso, pues habitar nos relaciona a unos con otros. De ahí surgen los extrañamientos que serán fundamento de los residuos. Los discursos ideológicos del capitalismo instaurado en lo cotidiano tienen que ver con “la calidad de vida”, “lo ecológico”, “la sustentabilidad”; estos son, a grandes rasgos, los paradigmas del estructuralismo. 

Lo cotidiano no coincide con la realidad, pero también en él se da el lado creativo y subjetivo que escapa del mundo de la mercancía, contempla el futuro como proyecto utópico. En lo cotidiano surgen los residuos, lo que escapa al mundo de la mercancía, donde se da la historia consciente colectiva, donde surge el deseo, donde se da el conflicto entre lo racional y lo irracional, donde florecen las emociones y los afectos. El “derecho a la ciudad” surge del residuo, donde el uso del espacio también se plantea como un derecho al tiempo, muchas veces éste se reduce a la “justicia espacial”: derecho a la vivienda, a la salud, a la educación, etc. Se transforma en una especie de pliego petitorio de políticas públicas. Mas el proyecto planteado por Lefebvre se refiere al derecho de construir otra ciudad, el derecho a la vida, a concebir al espacio como poética, como la posibilidad de creación de nuevos sentidos, donde exista una inversión entre el hábitat y el habitar.

La grabación de la Sesión 4 se encuentra disponible aquí.